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Iglesia de Santa Maria de Hoyos: La iglesia de
Santa María es una construcción románica arcaizante, realizada
seguramente a principios del siglo XIII, según se deduce del arco
triunfal apuntado trasdosado por una línea quebrada que imita los
rayos solares y representa la luz solar como luz de Cristo y de la
verdad. Los capiteles que lo sustentan muestran, el de la epístola a
Daniel en el foso de los leones, en alusión a la intervención divina
a través de la oración y el del evangelio, a Cristo como Varón de
Dolores, mostrando las llagas, flanqueado por ángeles con los
símbolos de la Pasión, en referencia a Cristo como redentor de los
pecadores, iconografía que aparecía en el Pórtico de la Gloria
(Santiago de Compostela) y que tendrá gran difusión en las portadas
de las catedrales góticas.
Las pinturas murales muestran al arcángel Gabriel en la hornacina
del evangelio y a la Virgen María en la de la epístola, por tanto se
trata de la Anunciación, en alusión a Santa María como patrona del
templo, cuya imagen sería de madera policromada, -quizás la
primitiva sería románica ya desaparecida y se ubicaría delante de la
ventana frontal del ábside, formando por tanto un conjunto a manera
de retablo, cuyo ático es la bóveda de horno del ábside, en la que
se ha pintado una gran venera.
La técnica utilizada es similar a las anteriores aparecidas en este
entorno de Valdeolea, apreciándose aquí más claramente el proceso de
ejecución. Algunos elementos que acompañan a María han sido sólo
dibujados con carbón vegetal, como el jarrón de azucenas, alusivo a
la pureza de la Virgen.
El diseño se remarca luego con la línea de tono rojizo, que
constituye la silueta de las figuras y objetos, y por último se
rellenaría de color. En este caso -a falta de realizar los
pertinentes análisis- parece pintura al temple mezclando los
pigmentos con cola animal.
Parecen pinturas inacabadas, ya que es posible que sólo se aplicara
color en el manto de la Virgen. El resto quedó sin rellenar de
color.
Participan por tanto estas pinturas de la corriente arcaizante que
se extiende a lo largo del siglo XVI y principios del XVII, que
consiste en decoraciones que suelen representar retablos , cuya
realización técnica es artesanal y ajena en gran medida a las
corrientes estéticas imperantes en la época.
Dos aspectos deseamos destacar de estas nuevas pinturas. El primero
es su perfecta adecuación al espacio arquitectónico respetando las
formas y volúmenes románicos e incluso armonizando con ellos,
utilizándolos e imitándolos, lo que nos indica que, al menos en el
medio rural. el estilo románico no se consideraba trasnochado o en
contraposición con los ideales renacentistas, quizás porque este
estilo se hallaba poco extendido por nuestra región. La utilización
de la perspectiva -por medio de los azulejos del suelo- es
defectuosa, al igual que el escorzo del atril de la Virgen. Las
figuras se encuentran de frente y sólo los rostros se representan de
tres cuartos. Son pinturas planas y carecen de referencia luminosa.
Sin embargo en torno a esta fecha, 1592, se realizan excelentes
retablos escultóricos plenamente renacentistas y manieristas en
lugares cercanos como Suano, Villar o Valdeprado del Río.
En segundo lugar debemos reseñar la presencia del nombre del
artista, Juan de Arana, quizás oriundo de esta localidad vasca.
Estamos quizás ante la constatación de un nuevo taller pictórico,
cuyos maestros trabajan en el oriente de Cantabria y en el occidente
de Vizcaya y norte de Burgos. Pensamos que el retablo pictórico de
Rubayo debe atribuirse a este mismo autor y quizás también las
pinturas de Ojebar. Las de Hoyos, al estar inacabadas, no alcanzan
la calidad de las anteriores, acaso por corresponder al declive de
la vida del pintor. Lo que parece evidente es que nos encontramos
ante un artista de cierto prestigio, por el propio hecho de firmar
la obra y constituye hasta ahora el primer pintor mural del que
tenemos noticia en Cantabria. (Texto extraido de Cuadernos de Campoo) |